Ailovyu, ailovyu
Ailovy, ailovyu, colección de 23 poemas cursis y enmielados, publicado hace algunos años en edición de autor y un tiraje espectacularmente breve e inconseguible. (N.del A.)
Corazón ilusorio
(Rojo)
Nada sabe el poseedor del corazón ilusorio, ni conoce fortaleza alguna que allí se erige en nombre del amor. Nada, ni por sospecha sabe, que son las palabras las que lo embriagan, y sometido e inocente, escucha lo que otro corazón -el de al lado- le dice dulcemente con la misma fe que él tiene en los estremecimientos amorosos.
El corazón a ser rojo se dedica y tiene por oficio mirar las mariposas pasar en vuelo raso. En nada más cree y otra cosa nunca oye.
Ha cerrado murallas y adentro, el dócil dragón, tiene cautiva a la víctima preciada. Ama en la roja prisión, y va tras la voz del otro corazón que calcula su destino, y le ha puesto enfrente la senda, por donde habrán de ir, lozanos y sin peligro de mirar hacia otros rumbos.
El corazón ilusorio cuenta las mariposas que sueña cazar en cada primavera.
Corazón ordinario
(A cuadros)
Frente a las ilusiones de su emparejado corazón colmado en sueños y temblores, calla este equilibrado corazón de faz cuadriculada.
Traza líneas rectas, para apagar el apetito del amador de al lado. No sueña porque duerme de pie, y hace cuentas con las horas del otro que a lo largo sueña y sueña. Lo cuida y lo compadece desde su alma matemática. Sabe que debe cerrar las puertas de ambos, y no abrir a nadie, ni oír palabra alguna, y tampoco escuchar las oraciones de amor que el otro sufre.
Nada, no hay más, sólo vigilar el territorio al que prometieron serle fiel porque tanto vale y tanto cuesta, y así es la vida misma, corazón, la vida misma.
Anillo
(De compromiso)
Ha colocado esta prenda en la preciada y amadísima falange. Todo sucedió de noche y con velas en la mesa puestas. El vino, el vestido adecuado, las palabras -aunque sabidas- muy precisas, precavidas... Luego probó el aire, midió la respiración, el alcance de la voz y la armonía en la música de la promesa donde la vida va en apuesta.
-Yo prometo amar- dijeron las campanas de su corazón.
Se oyó caer un árbol adentro de su pecho. Y se dijo también que contra todo y aguacero, llevaba su propia vida en las manos, que iría en el rumbo prometido, y aunque la casa caiga o comience la marea muy alta, allí estará el prometedor muy firme.
-Aquí, en el metal precioso y el brillante, te entrego augusta la promesa -dijo la voz-. Te doy mi amor como el oro promisorio y la luz en esta piedra que deletrea las palabras del futuro.
Así será.
Argollas
(De matrimonio)
No es promesa ya. Ha llegado el nuevo día, en que circular aprieta las falanges de los dos que se amaron, y ahora -no lo saben-, deberán quererse en dosis obligadas y precisas.
Por este aro que guarda el fulgor de las noches venideras, celebran los amadores, la comunión. Y beben de un trago, el vino del tiempo que se acerca y pasa repentino, pero ellos al momento de beberlo, tampoco lo saben.
-Hasta la muerte -dice la voz del cómplice.
Y todos levantan la copa al cielo...
-Salud.
Ángel
(Hembra)
La Ángela ha esperado la caída última de la noche mayor, y él todavía no logra descender de aquel país donde se conocieron.
Ella deshoja flores por las tardes. Oye cantar discreto al viento desde los balcones. Su habitación es un vuelo en calma.
Nunca había esperado tan contrita, ni jamás espera alguna fue motivo de temblores en su plumaje blanco. Tampoco esperó a nadie con las alas en flor mirando el horizonte, durante su femenino vuelo de impaciencia.
Cuando la desesperación llega, mira discreta el reloj que pasa suspendido del aire, y ve la claridad perderse en los balcones de las siete de la noche.
-Que tarde es ya- piensa.
Y en su pensar, mira la última luz de los trigales en los que otras tardes, sobrevolaba el amor cantando.
Baja sus alas pardas y se queda quieta. La noche es azul como ninguna.
-Sólo hallé esta pluma limpia, testimonio que los he visto amarse a lo lejos.
El Ángel
(Macho)
El ángel se levanta después de haber caído de las cuerdas flojas del cielo. Busca -acá abajo- a su consorte plumada y olorosa.
Tiene un sueño: volar a su lado y verla de cerca para darle palabras como tela de araña. Verla envuelta en su frágil música en la que está el amor como único motivo para vivir acá abajo, donde el aire va despacio a la luz de las tardes de abril.
También quisiera verla -y no es un sueño- envuelta en todas las palabras que le quiso decir, pero la lluvia, el aire feroz, la música de su indiferencia, todo, casi todo, se interpuso y nada le dijo.
Ahora no sabe qué hacer, solo está seguro que ha llegado el día de no caer en vano, que ya está aquí el día de las pasiones, y ella lo va a esperar para lanzar a vuelo las palabras, y entonces sí -con testigos terrenales-, abrir su corazón de Ángel, para que el amor de ella, entre a su reino, todo complacido y alto.
-Sólo hallé estas plumas, testimonios que los he visto amarse de cerca.
Fósforos para atesorar el fuego
(De larga llama)
Ellos -los que se aman y esperan amarse más- deben guardar el fuego.
Nada mejor que cuidar con celo, el fuego de larga llama que encenderá aquella promesa, o servirá como rescate, en momentos no previstos de soledad y falta de alegría en el cuerpo. Para entonces, deben encenderse los fósforos necesarios que guardan el fuego: alimento del corazón distraído por el tiempo.
El fuego atesorado, hace bien al amor comprometido. Alienta en las noches ante la llamita oscilante, que les queda en su ordinario corazón de amantes. Es cuando se debe usar el fuego de reserva que habita en la secreta alacena de las palabras guardadas.
Fósforos para atesorar el fuego
(De diversos colores y minúscula llama)
El fuego también se lleva con rumbo a la aventura. Se guarda en el equipaje, y se vigila que vaya en el color preciso.
Se debe llevar, por si acaso faltaran a la vera de las vías del tren o en las estaciones donde el corazón se niegue a seguir produciendo las brazas necesarias. Pero no es conveniente poner el preciado fuego cerca de los cuerpos, cuando éstos por naturaleza están bien encendidos; mejor dejar las llamas bien guardadas en tal caso.
No debe olvidar el que se aventura a la travesía amorosa, que entre los fósforos de uso corriente, vienen algunos que son contra ventiscas y tormentas, y entonces no importan las lluvias, el polvo, nada... Encenderán a favor de los otros vientos del amor que llega. Sólo una recomendación en caso de tormenta y ventisca a un tiempo: encienda con el cuidado necesario y mire el fuego del fósforo encendido, repetirse en los ojos amados, después mire bien por dónde ir hacia la noche boscosa...
Al final, apáguelo con la precaución de no dejar huella alguna, ni rastro de evidencia, para la aventura próxima.
Red 1
(La línea de salvación)
Siempre coloca la red uno de los que vuelan y hacen piruetas en los vientos del amor. Es acróbata quien ama, por eso, otras manos suyas, han puesto una red firme que le aguarda siempre. Y esos fuertes hilos, son vigías que lo miran desde su salvadora cuadrícula, y allá, cuando los giros, los vuelos, los saltos y las otras suertes amorosas, lista está la red para sus protegidos.
Siempre uno de los dos, cree que llegará el momento de caer en la vida del circo, pero cuando alguno caiga de tajo, allí estará la red con la cadencia, la oscilación, el resorteo que no lo dejará caer del todo.
-La red se coloca, aunque nadie caiga- ha pensado para sí el acróbata.
Red 2
(De cuerdas débiles)
Muchas veces -por la velocidad de su desdicha- la red no alcanza al acróbata al caer, y en ese caso, ni lo ve pasar rumbo al vacío.
Otras de las veces, el acróbata escapa de la red por una de sus cuerdas débiles. Y aunque sabe el trapecista, que la caída libre no puede ser sino a suelo plano, deja caer su amor completo. No le queda más aunque nunca colocó la red.
No hay manera de salvarse, ni modo alguno de volver a la altura que una vez el amor, como flores ofreciera.
Polvo del cielo
(Fineza estelar del polvo)
De algún polvo necesita la noche para untar el amor en la piel amada. De un polvo BrillaMar, de uno MiraCielo, se requiere para ver el cuerpo estremecido.
Se le quiere ver de noche a la luz de las ventanas de la lumbre. Encontrarla con las manos y en ellas detenerla; llevarla al amor como a los vientos.
Polvo apremia, polvo mágico y brillante para hallarla en la oscuridad cuando juego a perderla y a buscarla. Polvo que cubre la locura de tocar su cuerpo ante la oscuridad que -sin el polvo del cielo- la ocultaba. Y ya está aquí, el brillo de los polvos todos, hace presente su cuerpo como un milagro, como una premonición.
Polvo de estrellas
(Esferas diminutas)
Ruedan las esferas diminutas sobre la piel que espera. Cuentan la cantidad del amor gastado y del que nos queda. Cuenta con sus esferas de luz, los días venideros y los números en llamas del amor que nos resta. Se llevan en la piel como numeral fragante que también cuenta los sueños... Nada dice la piel, pero las esferas que la cubren son palabras rodantes por cada pendiente en la caricia y el sueño de las manos.
-Apenas rocé con mis labios tu hombro izquierdo, y el beso brillaba como si una luciérnaga volara de mi boca.
Mi mano alumbra si la toco...
NoMeOlvides
(Semillas de la memoria)
1
Siembra esta semilla para que nazca un árbol y cuando mires en lo alto cada rama -que son años-, NoMeolvides...
2
Toma la semilla y lánzala primero al viento con la mano diestra, y que la izquierda la atrape antes que la tierra. Besa la semilla y muestra el beso al cielo de amor, a las nubes de todas las promesas.
No olvides recordar sus ojos, y míralos en ese momento para que fijos en el recuerdo queden.
3
Alza la semilla una vez más al viento y déjala caer a la tierra despierta. Luego cúbrela con ambas manos. Arrodíllate despacio y canta...
4
Vendrá la noche y tu canto lo escuchará el caracol de la distancia.
Portarretratos
Para que todo lo demás se quede afuera, trazamos líneas y cerramos las esquinas. Nada puede entrar por ningún lado, nada que no tenga las medidas de nuestro amor.
Mejor que el corazón amado a cálculo preciso, por el que sueña pájaros, no se mueva. Que no se salga de este marco que, con cuidado en la trazadura, se hubo destinado a guardar el tiempo y la memoria.
-No te muevas corazón, quédate allí como un retrato. Deja verte todos los días y las noches todas, déjame acordarme de ti allí en el marco para que no se salga tu retrato corazón, tu fiel recuerdo.
Espejo
(1)
No miro al espejo. El espejo me mira a mí. Va con la imagen mía a todas partes, por eso llevo en el bolsillo, esta divinidad de luz y azogue. Nunca olvido que el que allí se repite cuando miro de frente la circunferencia, soy yo, y no este disfraz que va conmigo sin espejo.
Nada es cierto antes de mirar mis ojos por el pozo disfrazado de espejismo. Nada hay de verdadero antes de ir a su encuentro, y nada es verdad, sino estoy frente a su fortaleza de luz perfecta que me dice quien soy, y quién ya nunca seré
Espejo
(2)
-Espejito, espejito- le digo a mi espejo privado y me contesta como si otra voz me hablara:
-Voy contigo para que de ti nunca te olvides. Voy en ti y en mi tú vas como el barco, la vela y el viento. Voy en tu seguro viaje al huerto amoroso y a la tarde de la iluminación del los cuerpos. Cuido de ti como un padre y te engaño todos los días cuando me dices desde tu vanidad simple:
-Espejito espejito, dime cuán perfectas se mantienen mis facciones y mi corazón enamorado...
-Gracias espejito, gracias te doy como el barco agradece a los vientos y a la vela.
Llave para guardar el amor
(Llave primera)
Cerrar debemos el amor y no dejar la llave al descubierto. El candado debe resguardar la historia que lleva su curso adentro. La historia que nadie más ve, sólo sospecha y en ello está el misterio.
El candado es el cancerbero, la llave la autoridad. Y nada puede salir de esa gloriosa cárcel donde el amor es un pez en el corazón ilusionado.
Llave para guardar el amor
(Llave segunda)
Esta llave permanece solitaria. Espera todo el tiempo, pero siempre -bajo el tapete o enterrada en la maceta de las flores rojas. Su arma será saber el camino y la combinación para abrir el candado donde se guardan los tesoros y los sueños de alguien allá adentro, tras la profundidad de la puerta.
Silbato
De plata es el silbato que anuncia el faul, el rodillazo, el golpe bajo, la trampa o la suspensión del juego.
Nunca está demás saber cuándo se comete la falta en el amor, y cuando el contrario busca el triunfo provocándola.
No hay silbatazo que no marque un alto en el camino, y no hay falta que impune quede después de su marcaje. Hay que pagar las faltas, detenerse y seguir con la frente alta, aunque el faul, haya sido un golpe bajo al corazón.
Campana
De plata debe también ser la campana que indique el principio de otro round en el amor que se ha comprometido al centro del redondel donde la pareja de enamorados jugadores, ha entablado competencia y lucha sentimental sin límite de tiempo.
Suena la campana y los cuerpos tiemblan nuevamente. Heridos ya, da comienzo el round, y nadie sabe -ni ellos-, en qué momento llegará el nocaut, es decir, el principio del verdadero amor.
Ailovyu, ailovyu 1
(Ai: Palabras)
No tengo voz para decirte lo que quiero, por eso he traído las palabras que repiten dos veces mi amor a nombre mío y alegre te lo dicen. Es un círculo que ha de repetir las tres palabras del amor constante, y sin más remedio, que mi voz representada, te dirá dos veces lo mucho que te adoro.
Sólo oprime la misteriosa forma de la geometría y que tu oído fino, contemple mis palabras cariñosas.
Ailovyu, ailovyu 2
(Yu: Música celestial)
Siempre quise regalarte la música de las estrellas y el cielo radiante. Soñaba con entregarte de noche aquellas notas en la claridad perfecta de tu oído. Deseaba con fervor que escucharas lo que en palabras no te pude decir.
Te entrego en ella el corazón que mucho amor contiene. Óyela en sus tres movimientos, y descifra mi amor en su hermosura.
Sólo oprime la misteriosa forma que contiene la música celestial para decirte lo mucho que te quiero.
Baraja
(El amor es hijo del azar)
El primer día, prometimos no guardar ases en la manga y no marcar ninguna carta en la baraja que ambos recibimos. Juramos nunca hacer trampa, ni retirarse del juego de corazones y espadas.
Hicimos promesas y promesas, de las que un día uno de los dos se arrepintió primero y escondió un As. Hábil miró el juego contrario, marcó cartas, buscó la estrategia del contrario porque “el amor es un juego de cartas”, aseguraba el jugador primero. Y el segundo por su parte, pensó y lo dijo casi en voz alta: “sí, el amor es hijo del azar, así que adelante con la trampa y los sueños ocultos, las palabras guardadas, las pasiones secretas, los insomnios disimulados, las penas en silencio, los presagios íntimos, los recuerdos inconfesados...”
Y así siguió el amor, con más emociones particulares y por separado, pero con la sonrisa grande, y juntos mi amor, muy juntos.
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