martes, 26 de octubre de 2010

Alí Chumacero; la herencia del poeta


Publicado en La Jornada Semanal el día 14 de noviembre de 2010, No. 819

Alí Chumacero; la herencia del poeta
Por: Neftalí Coria
Cuando muere un poeta, el mundo ha perdido una luz más. Ha muerto Alí Chumacero (Acaponeta, Nay. 1918-2010) y la poesía mexicana pierde a un hombre luminoso, en este momento que mucho nos falta la luz y lucidez de los hombres en este país en quiebra humana y tempestades. Quedan sus palabras y para nuestra fortuna, no precisamente en reposo. Lector profundo de la música del alba y de los acantilados de la sonoridad que va por la vida del poeta, como la misma sangre. Poeta del acierto y la mejor armonía de cada verso que nos entregó en su breve legado. Versos dueños de la exactitud, versos como el dardo que acierta y da en el blanco del ojo que lo mira, fueron los poemas que escribió.
Queda su herencia y mucho es el patrimonio que nos hereda en concisos poemas, en su testimonio como observador y crítico de la literatura mexicana y el arte, en su reconocible trabajo editorial que mucho se le debe agradecer, porque fue editor, corrector, redactor, figura central en la historia del Fondo de Cultura Económica.
La obra poética de Alí Chumacero, es la equivalente a la obra narrativa de Juan Rulfo. Breve y sustancial, impecable y reveladora de una poética que ya es el rostro de la historia del siglo XX. Hermosa y delirante como sabemos bien que es la savia del tiempo que a los dos les tocó vivir. Su apego al mundo puede compararse, dado que la sensibilidad tenía un mapa de exploración que les hace coincidir y en el que ambos mexicanos nacidos en la misma región del país, pudieron construir su obra con ciertos momentos en que tienen una evidente relación, además de ser obras breves ambas.
Muy poco se puede decir del poeta nayarita, además de lo se sabe. Su generosidad con los jóvenes poetas y su paciencia para conversar con los aprendices de la poesía. De un humor incontenible y de una ingeniosa manera de reírse de la vida. Hugo Gutiérrez Vega, mientras lo entrevistaban el día de la muerte de Alí, reclamaba que no hubiera cumplido su promesa de vivir doscientos años y que aquél postrero día de su cumpleaños de dos siglos, moriría a manos de un marido celoso. Ingenioso y mordaz, alegre lo vimos conversar con un grupo de jóvenes en sus memorables visitas a la ciudad de Morelia. Conversador incansable, lo recuerdo en el restaurante Las Mercedes en una cena los días de su homenaje que en estas tierras le hiciéramos a principios de los noventa. Una mesa alegre y rebosante de güisqui hasta convertirnos en los últimos comensales aquella noche memorable.
La herencia de un poeta está en sus poemas que le sobreviven, pero también en los momentos en los que éste permite a los demás compartir los puntos de vista de la vida y abre las puertas para que otros, puedan ser testigos de su dialogo con el mundo. Muchos de mi generación, tuvimos la suerte y el privilegio de compartir la conversación y el humor prodigioso de Alí, y allí está una herencia más que recibimos y debemos abonar a su legado. La gratitud de muchos es grande con Alí Chumacero. Sus anécdotas, su sabia alegría, su aguda mirada ante la poesía, son también parte de ese legado que hemos de atesorar en su honor. Pero su verdadera herencia está en las palabras que deja en las páginas de nuestra historia y que se quedan como música en el aire del presente y siguen su marcha en este tiempo de augustas tempestades.
La obra poética Alí Chumacero, breve como lo es, tiene su mayor significado en el aliento poderosísimo y en la música perfecta que su composición contiene. Me atrevo a decir que su poema Responso del peregrino, es uno de los poemas dueño de la más hermosa musicalidad de la poesía mexicana, tan alto como la mejor música del sonoro López Velarde. Marco Antonio Campos en su revisión de este poema, así lo confirma.
Un poeta de pocos poemas tumultuosos, del más alto sudor de la creación poética. La luz, hoy ha quedado huérfana sin Alí Chumacero. (NC)

jueves, 7 de octubre de 2010

El vuelo del pez







El vuelo del pez
La colección de los cinco poemas que configuran El vuelo del pez, fueron escritos a partir de cinco grabados de Mizraím Cárdenas. Con las diez piezas se hizo la serie que formara una carpeta que incluía ambos trabajos. Aquí, las cinco piezas de mi poesía. (NC)














1
(El Pozo)

El aire va en la escama del pez,
el agua es la promesa,
el pozo el país de su llegada.

La luz cruza una frontera de hilos sueltos,
una palabra llega y se regresa en los límites de significar,
la noche sigue siendo la misma sangre que llevamos puesta.

A puños llora el agua,
el anzuelo a solas recomienza el rumbo.

Hay otro pozo adentro del agua y allí,
la carnada es la vida misma:
un resplandor vencido.




















2
(La Alborada)

Vuela el pez,
lo veo alzar navegación
hacia las manos limpias del cielo.

Va el agua en los deseos,
su patria es también el otro aire.

Ama lo que ha muerto,
la noche en los ojos
es el único sueño que lleva puesto.

Se inclina ante la luz del oriente,
se oculta cuando oye el resplandor del alba,
quiere creer que es el mar en el recuerdo,
la luna estallando ante sus ojos,
pero es la alborada que desata el trueno
y el fulgor de todas las frugales ventanas del pasado.

Nada en los ojos, un destino de aguas estancadas al frente.






3
(El Vuelo)

Alas en el agua,
el agua en la respiración,
el aire en la ondulante palabra,
el viaje de la sangre,
la llegada de la inesperada luz.

Los ojos y el abrojo
el cielo que no espera,
las alas en el agua
la palabra mojada.

El agua curva nos habla.















4
(La Madrugada)

Un potro desfallece
y la lluvia deja su milagro
en las cortinas del alba.

Ladra en el agua la penumbra,
ciego animal que habita el viento.

Sigue en su vuelo el pez
y nada lo detiene.

La tormenta es una población revuelta,
                            una voz de muchos modos,
                            una flor desatada en las espinas,
                            un astro que agita al pez en vuelo.

La lluvia expande la luz del día recién nacido.











5
(El Destino)

Verticales van en vuelo,
y con la punta del sueño,
a la misma oscuridad vencieron.

Hacia ella van,
con ella suben al empíreo,
en sus pies ponen su única creencia.

No van hacia la nueva vida,
hacia la primigenia oscuridad dirigen vuelo.

No van de llegar,
pero lo saben.
Es lo alto, en el cielo de sus ojos, quien los llama,
luz de una tristeza nueva, lo que los espera.

La lejanía, el único destino.


martes, 5 de octubre de 2010

Dos poemas

Publicados en La Jornada Semanal; Domingo 3 de septiembre de 2006 Num: 600.

Epitafio para un Pájaro que tuvo por sepultura el mar
Quiéranme estas aguas que mucho conocí,
aguas mías que fueron el espejo de mis mejores días.
Nadie diga que el cielo fue mi cautiverio,
que las nubes fueron mi blanca cárcel,
que la luna mi sedentario secreto.

Que nadie diga que este país de la claridad
no fue mi patria, ni que confundan mi vuelo libre
con el de otros que, en plena desbandada, volaron alto.
Hoy me devoran las aguas que amé,
los peces que fueron mis enemigos íntimos
y la profundidad de la que siempre quise ser el único alimento.

Epitafio para un Coyote muy solitario, que no se arrepintió nunca
De ladrón siempre fui tildado,
del hurto me hicieron culpable cada día
de mi perseguida existencia.
Pero no, era la pasión por lo escondido,
por la noche selvática de olor a plumas.
Era la locura amorosa por las gallinas dormidas
y su escándalo de sangre ardiendo cuando
antes de comerlas, las llevé al íntimo escondite.
No robé, tomaba lo de nadie,
nunca fueron hurtos los que perpetraba,
sino justos reconocimientos a mi astucia.
Vi manjares pasar bajo la luna de
mi más incandescente saliva sin poder tocarlos
y lo que era peor, ajenos, muy ajenos.
A nadie pedí nada, nunca,
y nadie, nada me dio jamás.
Estoy a mano con el mundo,
este fuego que me quema, es la memoria,
los ojos míos que vieron el hurto humano muy de cerca.

Marin Sorescu: Descubrir el mundo

Publicado en La Jornada Semanal; Domimgo 8 de octubre de 2006, Num. 605


Me enteré muy tarde, pero hace algunos años murió Marin Sorescu, poeta rumano, querido amigo mío. Y ahora que lo sé, he vuelto a ver aquel dibujo que hizo de mi cara en su libretita de apuntes y que me obsequió. Era nervioso y grácil. Dibujaba en cuadernillos. Lo vi leer por vez primera en 1981, en el histórico Festival de Poesía que muchos le agradecemos a Cuauhtémoc Cárdenas. Descubrí por aquellos días su poesía inteligente, y desde entonces ha permanecido cercana y soluble en los aciagos días de mi vida. Inolvidables sus poemas inteligentes, sus poderosos versos en los que brillan, como dos piedras de luz, la sabiduría y la razón frente a las cosas simples del mundo. De poemas como "Shakespeare" difícilmente pude olvidarme, y muy bien ejemplifica la lúcida poesía que caracterizan a este espléndido poeta rumano nacido en Bulzesti, Rumania, el 19 de febrero de 1936:
Shakespeare hizo al mundo en siete días.
El primer día hizo el cielo, los montes y los abismos del alma.
El segundo hizo los ríos, los mares los océanos y demás sentimientos
y los encomendó a Hamlet, a Julio César, a Antonio, a Cleopatra y a Ofelia
a Otelo y a otros…
Puede advertirse en buena medida el ingenio exacto de Sorescu, el juego del símil sencillo que casi raya en el lugar común, pero que con el uso adecuado de la ironía, se cuela más allá de los peligros de la implacable fiera que es el lugar común:
El tercer día reunió a todos los hombres
y les enseñó los gustos:
el gusto de la felicidad, del amor, de la desesperanza,
el gusto de los celos, de la gloria y así por el estilo,
hasta terminar con todos los gustos...
Una de las raras joyas de la poesía del siglo xx, me parece este poema. Un poema sabio como los grandes poemas. Una síntesis de las cosas del mundo que al hombre siempre han preocupado para su comprensión, su posesión y para su entero dominio. Con gran ingenio y acierto, Sorescu en este poema retrata el mundo creado por una figura como deidad, que es nada menos que el poeta isabelino creador de una obra que lo dijo todo.
Su poesía concisa es un modo de exploración que mucho se nutre de la búsqueda natural a través de la inteligencia aguda y punzante que va por el mundo en los ojos de hombres altos como Borges, Juarroz, Gorostiza, Paz, Hamburguer, Porchia, por sólo mencionar algunos poetas que por esos rumbos frecuentaron la poesía. En el tejido de su escritura, Sorescu fue un maestro de las alusiones y la ironía, un extraordinario tallador de las escenas cómicas, pero duras y crueles de la vida.
En 1986, cuando visitó Morelia por segunda vez, leyó sus poemas en el teatro Ocampo. Marin pasó tres días en la ciudad. Inolvidables días. Le dediqué un poema después de que hablamos de la poesía y la memoria ("El pozo", se llama mi poema), aunque, caso curioso y muy común con los amigos, nunca Marin leyó aquel poema que escribí en su honor. Aquella noche de whisky decidimos que la poesía debía habitar el pensamiento, que el pensar del hombre también hace al poema, o quizás es pensando como se escribe; mentira el corazón, los sentimientos y demás animales blandos; la poesía es la única explicación del mundo, en fin, la poesía debe llegar a la página desde el acto de pensar, dijimos. Y Marin Sorescu es un poeta de esa familia de hombres que piensan igual que sienten, o quizás como en un solo acto, ambas capacidades lograron hacer que se escribiera su obra fresca y luminosa, porque también creo que la luz de la poesía sólo puede darse de esa manera: fusionándolo todo.
La poesía de Sorescu es también resultado del acto de lanzar un dardo desde la hondura donde se guarda la infancia y acertar con el vuelo al centro de la gracia y a la curiosidad con la que este poeta vivió, esa curiosidad de niño permanente que fue, es decir "la curiosidad de la paloma", como él mismo la llamó. Con ese antecedente, creo entonces que la poesía es una luz grácil que tiene la mirada de un hombre que parece ver el mundo por primera vez, y descubre en ello lo absurdo, lo caótico, lo dura que es la verdad para vencer a los hombres y "desarmar a los idiotas", porque a su mismo decir, "hay demasiada estupidez en el mundo y debe dársele una batalla lúdica".
Al enterarme de su muerte mucho tiempo después, me provoca un desasosiego, como si hubiera sido descortés con aquel querido amigo en el tiempo. Su muerte –y pude saber que fue un cáncer fulminante– me deja con la sensación de que ya dejamos algo pendiente para siempre. Su poesía, con la que desde aquellos años he mantenido un diálogo constante, sigue de pie en mi vida, porque la poesía que alguna vez se llega a amar, perdura; la poesía –y esta es la prueba fehaciente–, vive como un organismo vivo en un hombre que alguna vez mitigó la sed con ella; es como agua perenne que circula por la vida y, hasta me atrevo a decir, que va como un ser vivo por el cuerpo y alma de aquel que tuvo la suerte de haberla bebido un día, como quien absorbe un rayo de luz para iluminar el corazón. Así creo que está conmigo la poesía de mi atesorado amigo Marin Sorescu.
Como dije antes, escribí un poema después de aquella larga conversación sobre la memoria y la escritura de la poesía. "La memoria no es un pozo, es al revés", le dije antes de escribirlo, y él se reía de aquella imagen de un pozo invertido. Las cosas entran a lo que pensamos –creo– y el pensar sucede en un pozo, y cuando se recuerda las cosas saltan al aire; son una montaña de agua contra el aire, y allí vuela lo que se debe decir: el poema. Y nosotros debemos elegirlo, acomodarlo con los alfileres contra la página blanca para que se quede ante nuestros ojos y viaje en el aire del tiempo. Aquella idea Marín la celebraba porque se la expliqué con el dibujo de una fuente: el agua saltando, el aire, la poesía y mis líneas chuecas sobre su libretita de apuntes...
Saludo aquí al poeta magnifico que tan leído y querido fue en su patria. Hombre sencillo como los grandes; hombre de mirada limpia, poeta de claras palabras. (NC)


martes, 28 de septiembre de 2010

Uno que va rumbo a su entendimiento

Tres que se entendieron y callan


La Noche Itinerante

En 2002, dentro de la colección Luna de río que llegó a los veinticinco títulos y que apoyaba la Universidad Michoacana, se publicó este volumen de poemas.
El viaje es la hebra que los conduce y a la fecha, esta colección de versos,  sólo es una sección de un libro mucho más amplio que fue creciendo con el tiempo, y los  viajes. (NC)



El viaje

El viaje es lo que cambia.
Las ciudades son una sola y nosotros
sólo vamos a descargar los sueños.

La ciudad nueva no cambia el amor o la desdicha,
nada cambia con el viaje de ida y vuelta.
El amor no crece de regreso,
ni multiplica sus garras sobre los amantes
     cuando abandonan la ciudad que los vio amarse.

El viaje es una estación más para los que se amaron,
un cambio de vías, una escala para transbordar las
mismas sombras. El amor no crece con el trayecto
ni con la lejanía. No crece con boletos de regreso.

Los viajes son el tránsito de los que se aman,
las ciudades son también una estación con descarrilados trenes.

                                         Febrero 22 de 2000, Querétaro, Qro.






Declaración

En la suave soledad, declaro:
      Lejos de otro silencio,
      no muero por tus ojos, y de nuevo
      veo como se acerca la tormenta...

En esta mañana, en una banca de
la plaza de Colima sigo declarando:
       Nadie-nada esta de mi lado
                -ni lo pido-,
        solo estoy y la página sangra...

La mañana abre el filo inicial,
los árboles me oyen llorar y declaro:
         No busco volver, no quiero de
          la noche pasada, hacer la lluvia
          y por último,
         que venga el mar a mi nariz,
         que venga el mar completo.

                                                                                                                      Junio 26 de 2000,
                                                                                                                      Colima, Col.




Pájaros rumbo al mar

Vuelan oscuros rumbo al
mar que promete noche alta y ondulante nido.

El cielo es un parpadeo en los ojos de mi amada
y un rotundo azul del cielo.

Siguen volando claros,
innumerables los pájaros rumbo al mar.

                                                                       Julio 26 de 2000
                                                                       Tecomán, Col.




Paisaje con cinco pelícanos

Cinco pelícanos vuelan a ras del agua.
Es la madrugada, claridad,
                             bosque del agua, luces últimas.

Dos barcos despiertan,
el mar se tiende a mis pies: aves, aves...
Tres pelícanos planean entre el agua y el infinito,
una barca pescadora cruza el horizonte, va por el
cielo una oscura gaviota; raya el mar.
La alborada del cuerpo comienza en las arenas,
el mar es muchos ríos. Es el oro azul de la mañana.

Tres barcos están quietos y pálidos. Uno avanza,
los otros dos miran con sus últimas luces.
Dos pelícanos se posan en el agua; la luz los vuelve suyos;
neblina a lo lejos. Pienso en la felicidad cuando el
mar por un instante parece callar. Nadie está en la playa,
¿En la felicidad no hay nadie? Las palmeras bostezan.
Tres pelícanos vuelven, pero ella está conmigo y la
mañana será una fiesta silenciosa. Ella me ayuda a mirar
el mar y en sus ojos amo la luz nueva.

La arena está perforada: cangrejos.
El cielo se oye crujir, llueve.
El crepúsculo matutino es como el agua;
mi muchacha sube al mar y la miro.
Ella es una caricia para las aguas.
Sobre la mar, mira y es mirada por la mañana fértil.

Cinco pelícanos de uno en uno van sobre las aguas volando.
Dos se detienen y el agua los contempla.
La muchacha que sueño mía, se marcha y en la arena se
dibuja fiel en la tristeza. Vuelan los pelícanos a lo alto
y el corazón de la mañana se llena de pájaros, de azul, de infinito.

Los pelícanos se marchan.

                                       Julio 18 de 2000; 6:10 Hrs., Playa Manzanillo, Col.




                 

Parábola

En el mar no es ningún misterio tu piel.

He descifrado
su música completa en tu espalda,
su hondura conocí en tu sexo; la sal completa,
sus peces, su oleaje y su gemido mayor.

No, el mar no es un misterio;
Aquí, en este lado de la noche
-en tu boca y tu corazón-
he navegado todos los océanos.

                                       Julio 17 de 2000
                                       Manzanillo, Col.
                       





Paisaje marino con lluvia

Llueve en el mar,
el aire sueña olas: es pájaro que huye.

El horizonte no existe;
todo es gris, todo.
El mar levanta sus brazos,
se sale de sí para estallar en
los ojos que lo miran.

Llueve y la luz fue promesa,
la luna se acabó, y sin embargo,
su hondo resplandor, es lo que guardo.

                                       Julio 20 de 2000
                                       Tepic, Nay.






La Piedra y el Cielo

Antes de caer la noche
el valle es verde y miro pasar la brisa.
Tomo con cuidado la piedra que lanzaré.
El cielo de pájaros ilumina el paso
de una música que sabe a-mar.

Tengo en el puño la piedra que
voy a lanzar contra la altura verde,
contra esos pájaros,
que por ahora, son el techo de la tarde.

La lejanía vigila.
Azul y brillo ante mis ojos,
lluvia lejana, un sol tenue...

Huele a mujer lejana la mar.

Lanzo la piedra contra el mundo y cierro
los ojos como si fuera a caer un muro contra mí.

                                                                                      Julio 21 del 2000
                                                                                      Tepic, Nay.






En el Mar de San Blas

1. El cielo

Claro vendaval;
aire que dobla su
canción y lejanía;
vacío donde la luz se derrama
      y en mis ojos cae entero.

2. El mar

Abismo que va
de un lado a otro
vigilado por cinco islas.

3. Los pelícanos
Hablan con su bolsa vacía,
y callan
cuando las aguas son una mortaja.

4. La tristeza y los pájaros
Los pájaros: geometría verbal en la mirada mía,
                    sueños brevísimos que visitaron mis páginas,
                    lágrimas de dios que caen ordenadas al mar.

                                                                                                      Julio 23 de 2000
                                                                                                      San Blas, Nay.



                 
                  El árbol y el cielo caído

                  Un árbol contra el cielo
                  mira pasar el viento,
                  aguarda la música aérea.

                  Un árbol que se levantó
                  donde el cielo caía:
                  la frente iluminada, en alto.

                  A sus ramas pobres
                  sube la mucha luz de
                  un lunes de julio,
                  la soledad son los pájaros.

                                         Julio 3 de 2000
                                                       Real de catorce, S.L.P.





Frente a un árbol en la plaza


Aquí murieron hombres
colgando de las altas ramas.
Huele a muerte la argolla
enterrada al tronco.
No da sombra el árbol,
ni descansa en la luz de esta mañana de julio.

Es la oscuridad, lo que bajo
sus crueles ramas tiene nombre.
Huele a triste la poca luz, la poca
sombra de sus ramas.

Nadie aquí viene a buscar el silencio.
Es el árbol más solo, pero el que más
tienen presente en este pueblo.

      De noche dicen que gime.
                                                    
                                                                 Junio de 2000
                                                                                      Pinos, Zac.




Ánimas del túnel

La frente de niebla en alto llevan estas ánimas allá,
en el centro y fin del túnel. Suben a la escasa luz que
dejan caer las goteras de la montaña. De pie van como
 por un riel de la mina abandonada.

El cielo no existe en su mirada, en el silencio han
sembrado los únicos pies. En la remota música que
llega de la memoria de la vía, abren su herida de esperanza.
Sólo en la niebla su voz se escucha,
sólo en la niebla es posible su canto.

Tejen una voz informe
y a la cadena de azul vuelven.
A su estuche de luz opaca regresan
y el túnel pasa así como si nada.

                                 Julio 3 de 2000 Real de catorce, S.L.P.
                                       Julio 12 de 2000, Zacatecas, Zac.








Cinco poemas zacatecanos

Estos cinco poemas en los que reina la brevedad, fueron escritos en la frontera del 26 y 27 de agosto de 1999 en el bar Cazadores de la ciudad de Zacatecas, sentado frente una ventana, donde el cielo dibujaba la luna más hermosa de mi vida y la embriaguez más alta de mi corazón. Se han escrito por la misma razón que se entierran los tesoros y se deja un mapa por descifrar su escondite. Los poemas quieren ser ese mapa personal.


1
El frío, el único fríoque ha dado la cruel bofetada
contra mi cara, ha sido aquel, en la calle más hermosa y sola
de Zacatecas a las doce de la noche.

Tú, lejos de mi corazón dormías.

2
Sólo la luna
-en su piel pétrea, amarilla-
tuvo ventaja contra el cielo
y en mis ojos mojados, resplandeció.

3
Hizo frío, y la noche
era una ventisca.
Un frío espada,
un frío de filoso remolino.

La lluvia a las afueras de la ciudad, galopaba.

4
He sido feliz en Zacatecas,
feliz de entristecerme a medianoche
en el bar más solo del mundo.

La música era alegre, mis ojos lloraron por ti.
5
He sido feliz
de entrar al paraíso
de la tristeza de tus ojos dormidos,
a tu silencio, a tu callada piel.

Por eso bebo la  melancolía
de esta calle con el frío total contra mi pecho en llamas.





Nueva York


New York

La ciudad es más que espejos,
sus calles más que ríos,
su gente más que multitud perdida.

Espejo, mis ojos mirando multiplicarse a la
ciudad que siempre pasa -tránsito en desorden-.
Espejo, la luz que me devuelven los caminos para
llegar al principio del extravío.

Camino esperando nuevos espejos,
pero el aire me arrebata la mirada.
La ciudad es un paisaje grande,
                     una pasarela interminable.

La enrarecida luz y otras formas claras que
la oscuridad construye con los muros,
van conmigo por la quinta avenida.
Soy su espejo al pasar,
      su cristal para quebrar el viento frío y contrario.
No es espejo su fulgor inasible,
                     su cristalería,
                     su vidriosa enredadera al cielo.

Escribo contra la soledad inmensa,
contra el bullicio que devora al solitario.
Escribo porque las calles desembocan
a una fiesta de tristeza, y la muerte
                                     corre a 120 millas por hora.
                                                                                                                     
                                                                                                                      Mayo 30 de 2001
                                                                                                                      New York, N.Y.
                                                                                                                      Park Coffe, Hotel Wellington


Ciudad grande

No sería grande la ciudad,
si tú estuvieras.
Alas tendríamos para
volar por sus espejos y
mirarnos en el amor,
inmensos en esta
pequeñísima ciudad.

                                       Mayo 30 de 2001,
                                       New York, N.Y.
                                       Park Coffe, Hotel Wellington.


Mirar la ciudad con tus ojos

Nada estaría oculto
bajo este breve cielo,
si tus ojos miraran lo
que sin ti, no puedo ver,
porque son tus ojos la mirada mía.

                                       Mayo 30 de 2001,
                                       New York, N.Y.
                                       Park Coffe, Hotel Wellington.




Calles de Manhattan

Las calles son largas en Nueva York.
Llueve y Central Park se aleja de la claridad.
Viene la noche a perderse en estos cuerpos que veo.
Van las calles en la gente que
pasa con los ojos paralizados.
Ahondan al sur,
emergen cuando la noche es
un trapo sucio después de la lluvia.

                                                       Junio 2 de 2001
                                                       New York, N.Y.
     

Twins Towers 1

La altura es un sorbo en esta ciudad que
mide -Oh desdicha- su estatura con el cielo.
Imposible saber la talla de los hombres que se
ciñen sin remedio a su real envergadura.

                                                                       Junio 3 de 2001,
                                                                       New York, N.Y
                                                                       World Trade Center, Floor 107.




Twins Towers 2

1
¿De verdad el cielo está más cerca
            en la cima del World Trade Center  como se ve en
                                                   los ojos de la gente que mira la ciudad para vencerla?

2
¿Hay pájaros orgullosos en las azoteas simples de las Twins Towers?
                                                                      
                                                                                                      Junio 3 de 2001,
                                                                                                      New York, N.Y
                                                                                                      World Trade Center, Floor 107.





Twins Towers 3

Amanece sobre la ciudad alta.
El sol es lento y sutil. Cubre sólo
una parte de la Quinta avenida.
La mañana es muy suave y las
manos de la luz abren paso al
viento húmedo que anuncia lluvia.
Los muros de la ciudad
contienen las aguas de la tormenta.
Los edificios son gigantes ultrajados
por la noche anterior, no despiertan.

Las palomas tienen mirada triste
como cualquier domingo en Nueva York.

                                       3 Junio de 2001
                                       Nueva York, N.Y.
                                       World Trade Center, Floor 107





Río Hudson

Es tarde en el viento que se advierte
sobre el suelo manchado de palomas.
Viento frío del Hudson,
viento que bajo la camisa
corre como la sangre de la muerte.
La noche es pronta, y en su idioma
mi sangre va cuestabajo. Hablo a solas
y en una ventana de un edificio cualquiera
asoma una mujer. Hablo cualquier cosa
y es mi voz un ruido más.
La mujer que asoma en la ventana del edificio cualquiera
-puedo decir que es alto y café oscuro- habla para sí
y se ofrece al viento del Hudson igual que las palomas
y mi voz, igual que la sangre helada de la muerte.

                                                       Junio 3 de 2001
                                                       Nueva York. N.Y.
                                                       (Frente al Hudson)





Fifth Avenue

Desde el ventanal de la mañana
entre la calle cincuentaicuatro
y la Quinta avenida, puedo ver
dos banderas ondear.
Al fondo -entre los edificios-
el cielo es azul, agudo.
Un hombre negro cae presa de su locura
en la risa total, como si fuera feliz.
Lynda pide ayuda para sus
últimos días con sida.
Otra joven -18 tal vez- exige dinero
y comprensión para su perro violado
(el perro blanco está en el piso con la cabeza
en una almohada y rodeado de sábanas, parece llorar).
Una anciana es paseada en una silla de ruedas ostentosa,
una pareja se besa bajo a las puertas de la catedral de San Patricio,
un japonés canta en su lengua,
junto a mí pasa la muchacha más hermosa del mundo...

Camino por la Quita avenida, el viento de junio es muy frío.

                                                                                                      4 Junio de 2001
                                                                                                      Nueva York, N.Y.


Central Park


En el minúsculo lago de Central Park,
tres jóvenes reman.
Nadan patos después
de haber descendido del aire.

El viento espolea breve ráfagas
de ruido como si vinieran de otro mundo.

Caminan niños guiados por dos maestras,
un viejo come y vigila con la mirada
del miedo; bebe un cocacola, luego
se levanta y camina de prisa con su
gabardina al hombro rumbo al fin del mundo.
Hay mucha gente en calma,
pasan increíbles ardillas mansas,
los pájaros bajan y se dejan mirar de cerca,
un grupo de viejos juega,
cerca hay un partido de beisbol,
otros patinan, van en bicicletas,
muchachas toman el sol semidesnudas,
la vida parece amable,
Nueva York sabe disfrazarse.

                              4 Junio de 2001
                                       Nueva York, N.Y.
                                       (Central Park)




De regreso

El aire contra la mirada:
turbulencia en lo que veo.

La luz implacable en la ventana del avión.
El sueño se instala de nuevo
y no creo salir de sus habitaciones.

He visto como se apaga el viento
y  como se encienden los
aires en las torres más altas.
Han visto mis ojos la humedad
tan cerca, que puede el llanto volver
al viento, como si de allá hubiera llegado.

                                       Junio 6 de 2001
                                       Nueva York-México
                                       (Vuelo 871 de Mexicana)